Durante la guerra por la independencia, en Salta y en Jujuy las mujeres tuvieron un protagonismo trascendental. Cuando los realistas ocupaban la ciudad, algunas damas, aprovechando las reuniones sociales, trataban de obtener información de los oficiales o ponían en práctica distintas estratagemas con el mismo fin; así organizaron una red de espionaje arriesgando sus vidas. Sin ellas no hubiera habido independencia. Doña María Loreto, secretamente, pasó a ser desde 1814 la jefa de esta red de inteligencia, prestando invalorables servicios a las fuerzas comandadas por el general Güemes.
Este libro forma parte de la colección "Salta en la historia política y cultural de la Argentina", que responde a un propósito cultural y educativo de gran proyección: presentar un conjunto de obras breves que destacan el accionar de una serie de personalidades de la Provincia que realizaron un aporte significativo a la conformación del pensamiento y la historia política, social y cultural de nuestro país.
María Antonieta nació en Viena en 1755, hija del emperador austríaco Francisco I y de María Teresa. En mayo de 1770 contrajo matrimonio, cuando tenía catorce años, con Luis XVI de Francia. De nuevo la destreza de Stefan Zweig para el retrato y su finísima comprensión del alma humana se unen para dibujar un cuadro extraordinario de la más famosa víctima de la guillotina: su tormentosa llegada a Versalles, la frustración ante la frialdad de su esposo, su apasionado romance con el conde Von Fersen y, finalmente, el caos y el terror que la revolución trajo consigo.
"Si la Historia se enseñara en los colegios con libros como éste, no habría escolar a quien no interesara el pasado".
Pablo d'Ors, 'ABC'
"Retrato de la desafortunada reina de Francia que borda Stefan Zweig. No podrán detenerse".
'Mujer Hoy'
"Una obra imprescindible para entender la naturaleza humana".
Margarita Rivière, 'Qué Leer'
"Una detalladísima, apasionante y plástica recreación novelesca de la vida y muerte de María Antonieta".
Manuel Hidalgo, 'El Mundo'
"Excelente cuadro. El estilo de Zweig es tan preciso y apasionante que consigue que la biografía se lea como una novela".
Adolfo Torrecilla, 'Telva'
"Zweig nos presenta a una mujer que vivió persiguiendo el hedonismo dentro de una jaula de oro".
Lídia Penelo, 'Público'
Cuando el trabajo en los andamios para reconvertir una antigua fábrica de zapatos en un edificio de viviendas de lujo no lo deja exhausto del todo, durante seis meses Thierry Metz consigna en su diario sus impresiones y meditaciones con una prosa a media voz, lacónica, condensada al máximo, como si el poeta reservara sus fuerzas para repetir mecánicamente los mismos gestos en la obra.
Sin embargo, de la mano de Metz esa economización de la palabra se traduce en una prodigiosa riqueza de imágenes en la que, entre la crudeza, el embrutecimiento, la alienación, lo prosaico de la faena y el lento discurrir de unas horas («La erosión de un dolmen es más activa que el paso del tiempo en la obra») asediadas por la fatiga («Unos zapatos que querrían gritar su cansancio a los cuatro vientos»), se abren camino el ensoñamiento y las observaciones sobre el transcurso de las estaciones, el cielo, las nubes, el arco iris, los petirrojos y las golondrinas, la camaradería, las manos que ríen y el lenitivo silencio de las pausas del mediodía o los fines de semana, en los que «el único canto que se oye es el del pájaro rojo y azul del lapicero» posado en una hoja.
Diario de un peón es, además, un texto indispensable por el lugar que ocupa en la llamada literatura proletaria.