Begleiten Sie uns auf eine literarische Weltreise!
Buch zum Bücherregal hinzufügen
Grey
Einen neuen Kommentar schreiben Default profile 50px
Grey
Jetzt das ganze Buch im Abo oder die ersten Seiten gratis lesen!
All characters reduced
Crash - cover

Crash

Melissa Stevens

Übersetzer Jorge Ledezma Millán

Verlag: Tektime

  • 0
  • 0
  • 0

Beschreibung

Un hombre con una misión. Una mujer con una vocación. ¿Podrán resolverlo o están destinados al fracaso?

Un hombre con una misión. Una mujer con una vocación.
 
¿Podrán resolverlo o están destinados al fracaso? 
Crash lo ha vuelto a hacer. A veces se siente afortunado de haber sobrevivido. Por algo sus hermanos le llaman Crash. Ahora está atrapado recuperándose de su último percance sobre ruedas, pero ¿está preparado para Amber? Amber ya lo ha visto todo. Tipos duros y aquellos que nunca te dejan ver que están sufriendo. Pero no estaba preparada para uno que dejaba ver su parte más tierna. ¿Había algo más en ese hombre que su rudo exterior de club de moteros? ¿Podrán Crash y Amber superar la regla de nunca involucrarse con su paciente? ¿Podrán hacer que funcione o están destinados a quererse de lejos? Echa un vistazo hoy mismo a este ardiente romance de enamoramiento del cuidador.
Verfügbar seit: 27.04.2024.
Drucklänge: 88 Seiten.

Weitere Bücher, die Sie mögen werden

  • El verdugo - cover

    El verdugo

    Penélope Sky

    • 1
    • 2
    • 0
    Cuando descubro que mi marido me ha engañado, después de tres años de matrimonio, ni siquiera tiene el valor de decírmelo. Es su amante quien me lo confiesa. Me marcho de casa, consigo un nuevo apartamento, un trabajo de camarera... e intento recomponer mi corazón roto. Me pregunto cuándo empezó a romperse todo, si fui ciega, si no fui suficiente.
     
    Una noche, mientras trabajo, entra en el bar el hombre más atractivo que he visto jamás. Se sienta frente a mí... y algo estalla entre los dos. Un segundo antes estaba hundida; al siguiente, al sostener su mirada, olvido el desastre en el que se ha convertido mi vida. Lo invito a casa y paso con él la noche más ardiente de la historia. No espero volver a verlo.
     
    Solo lo quiero para olvidar; algo fácil, sin ataduras. Pero él me quiere para él. Toda para él.
     
    Pronto descubro la verdad: él es el Verdugo. El capo de capos. El señor del crimen que domina París y obliga a todos a seguir sus reglas... o pagar el precio. Y ahora soy suya.
    Zum Buch
  • Por supuesto que no es él - cover

    Por supuesto que no es él

    Whitney G.

    • 1
    • 46
    • 0
    Lo único que quería en mi trigésimo cumpleaños era una noche de locura de la que me acordase toda la vida… Y en vez de eso, acabé embarazada de mi jefe.
    Vale, espera.
    Antes de que empieces a juzgarme —que te estoy viendo—, la verdad es que no sabía que era mi jefe en esos momentos. Lo único que vi fue al hombre más sexy con el que me había tropezado nunca, con acento británico incluido, y unos labios que me devoraron durante horas en la cama.
    un así, cuando se comportó como un gilipollas y asumió que iba a haber una segunda ronda después de haber dicho que mi apartamento se parecía a «una caja de cerillas», le di la patada y esperé no volver a verle nunca más.
    Hasta cuatro semanas más tarde…
    Fue entonces cuando me di cuenta de que estaba «tardando», cuando veinte pruebas de embarazo distintas me confirmaron la verdad que no quería reconocer.
    Y justo cuando pensaba que tendría que pasarme otras cuatro semanas más buscándole, entró tan tranquilo por las puertas de mi empresa, y mi supervisor nos anunció que era nuestro nuevo director general.
    Pero es que eso no es ni siquiera lo peor.
    Ni de lejos.
    Resulta que ese hombre ocultó un secreto la noche en que nos conocimos, y los siguientes ocho meses iban a ser mucho más complicados de lo que jamás podría haberme imaginado…
    Zum Buch
  • Juegos de oficina - cover

    Juegos de oficina

    Whitney G.

    • 1
    • 13
    • 0
    Lo único que quería para Navidad era que un autobús atropellara al compañero de trabajo al que más odio.
    
    Por desgracia, Santa Claus decidió darle un ascenso ¡y se convirtió en mi jefe…!
    
    No podía permitirme dejar el puesto, así que tuve que aguantar su engreída personalidad y confié en que mi deseo se cumpliera las siguientes Navidades.
    
    ¿Santa Claus todavía lee nuestras cartas?
    
    Entre una tormenta de nieve digna de pasar a la historia y un arresto por allanamiento de morada, acabo atrapada en su coche en un viaje interminable, y cada vez que creo que la vuelta a casa no puede empeorar, el universo me lanza un nuevo desafío perverso.
    
    El juego no ha hecho más que empezar…
    Zum Buch
  • Entre tú y yo - cover

    Entre tú y yo

    Whitney G.

    • 6
    • 46
    • 0
    Querida Hayley:
    Asumo que todavía estás de resaca, así que seré breve.
    Anoche te metiste bajo mis sábanas (sin mi permiso), y casi hicimos el amor. Salí de la cama tan pronto como me di cuenta de que eras tú y te llevé a casa.
    Eso fue lo que pasó.
    Punto.
    Final.
    En caso de que lo hayas olvidado, eres la hermana pequeña de mi mejor amigo. Nunca seremos nada más (no podemos ser nada más), así que preferiría que trabajásemos en lo de ser "solo amigos" de nuevo. No obstante, no soy de los que dejan preguntas sin responder —ni siquiera las que se hacen durante una borrachera—, por lo que, para dar por zanjada nuestra inapropiada conversación de forma adecuada, te contestaré:
    1) Sí, me gustó el roce de tus labios contra los míos cuando te pusiste encima de mí.
    2) Sí, por supuesto que prefiero el sexo rudo, pero estoy bastante seguro de que no fui rudo contigo.
    3) No, no tenía ni idea de que todavía eras virgen…
    Este mensaje nunca ha existido.
    Corey.
    Zum Buch
  • Veintidós mensajes - cover

    Veintidós mensajes

    Whitney G.

    • 2
    • 16
    • 0
    Todo empezó con una escena de sexo.
    Bueno, con una escena de sexo que yo no era capaz de escribir.
    A pesar de ser una autora con más de cincuenta libros románticos a mis espaldas, me estaba costando hacer lo que mejor se me daba, y, por pasar el rato, le pedí ayuda a un amigo al que conocía solo por internet.
    No debí haberlo hecho.
    Él escribió una escena mucho mejor que cualquiera que yo hubiera podido redactar, y nuestros siete meses de amistad platónica —aunque con algún coqueteo— se fueron al garete en diez minutos.
    Porque me pidió que nos viéramos en persona…
    Habíamos acordado mantener la relación en el plano digital, ser solo amigos y no ponernos cara, pero ninguno de los dos pudo resistirse.
    Cuando lo vi en el aeropuerto me sentí atraída por él al instante, pero no tardé en darme cuenta de que jamás íbamos a poder llegar a nada.
    El hombre con el que había estado hablando durante los últimos meses era la última persona que esperaba.
    La última persona con la que debía fantasear.
    Era el mejor amigo de mi padre.
    Zum Buch
  • Novio por treinta días - cover

    Novio por treinta días

    Whitney G.

    • 5
    • 48
    • 0
    Nunca debería haber aceptado ese acuerdo…
    Hace treinta días, mi jefe —un tiburón de Wall Street— acudió a mí con una oferta que no pude rechazar: poner mi firma en una línea de puntos y fingir ser su prometida durante un mes. Si accedía, podía rescindir mi contrato laboral con una indemnización por despido "extremadamente generosa".
    Las normas eran muy sencillas: prohibido besarse y tener sexo. Solo había que fingir que nos queríamos ante la prensa, aunque desde el día que lo conocí siempre había deseado borrarle esa estúpida sonrisa de superioridad de la cara.
    Lo cierto es que no tuve que pensármelo dos veces. Firmé y comencé a contar los segundos que me faltaban hasta librarme al fin de su chulería de alta gama.
    Solo aguanté un minuto…
    Nos peleamos durante todo el viaje de cuatro horas hasta su ciudad natal y no conseguimos dar una impresión convincente ante la prensa que nos esperaba. Pero lo peor fue que, justo cuando iba a arrancarle aquel gesto arrogante de la cara, se quitó la toalla de baño delante de mí, a propósito, y me dejó sin palabras con su miembro de veinte centímetros, para "demostrarme quién era el más importante" en nuestra relación. Después me dedicó su estúpida sonrisa de suficiencia de nuevo y me preguntó si quería que consumáramos lo nuestro.
    Y lo peor de todo es que ese fue solo el primer día.
    Todavía quedaban otros veintinueve por delante…
    Zum Buch