Este es el segundo libro.
Marj tiene que tomar grandes decisiones en su vida. ¿Debería apostarlo todo por una relación de mentira? Mientras sigue con esta pantomima, sus sentimientos por Brandon comienzan a crecer. Pero, ¿siente él lo mismo? ¿o solo la necesita como esposa para no perder su herencia?
Samantha Larsen es una escritora que lleva meses sin encontrar la inspiración. Blake Maddox es un multimillonario con un propósito entre manos. No tienen nada en común, hasta que, tras una noche de locura y desenfreno en Las Vegas, despiertan siendo marido y mujer.
Ella quiere anular la boda de inmediato. Sin embargo, su esposo le hace una oferta que no puede rechazar: fingir que son un matrimonio feliz durante tres meses para que él pueda reclamar la herencia de su padre. A cambio, Samantha recibirá una generosa suma de dinero y la oportunidad de escribir su próxima novela en una mansión de ensueño.
Sus corazones quedan excluidos del trato. Pero, con el tiempo, descubrirán que hay cláusulas que se escriben sobre la marcha… y mentiras que al salir a la luz pueden destruirlo todo.
Una comedia romántica en la que el amor se niega a cumplir las reglas.
Nunca debería haber aceptado ese acuerdo…
Hace treinta días, mi jefe —un tiburón de Wall Street— acudió a mí con una oferta que no pude rechazar: poner mi firma en una línea de puntos y fingir ser su prometida durante un mes. Si accedía, podía rescindir mi contrato laboral con una indemnización por despido "extremadamente generosa".
Las normas eran muy sencillas: prohibido besarse y tener sexo. Solo había que fingir que nos queríamos ante la prensa, aunque desde el día que lo conocí siempre había deseado borrarle esa estúpida sonrisa de superioridad de la cara.
Lo cierto es que no tuve que pensármelo dos veces. Firmé y comencé a contar los segundos que me faltaban hasta librarme al fin de su chulería de alta gama.
Solo aguanté un minuto…
Nos peleamos durante todo el viaje de cuatro horas hasta su ciudad natal y no conseguimos dar una impresión convincente ante la prensa que nos esperaba. Pero lo peor fue que, justo cuando iba a arrancarle aquel gesto arrogante de la cara, se quitó la toalla de baño delante de mí, a propósito, y me dejó sin palabras con su miembro de veinte centímetros, para "demostrarme quién era el más importante" en nuestra relación. Después me dedicó su estúpida sonrisa de suficiencia de nuevo y me preguntó si quería que consumáramos lo nuestro.
Y lo peor de todo es que ese fue solo el primer día.
Todavía quedaban otros veintinueve por delante…
Todo empezó con una escena de sexo.
Bueno, con una escena de sexo que yo no era capaz de escribir.
A pesar de ser una autora con más de cincuenta libros románticos a mis espaldas, me estaba costando hacer lo que mejor se me daba, y, por pasar el rato, le pedí ayuda a un amigo al que conocía solo por internet.
No debí haberlo hecho.
Él escribió una escena mucho mejor que cualquiera que yo hubiera podido redactar, y nuestros siete meses de amistad platónica —aunque con algún coqueteo— se fueron al garete en diez minutos.
Porque me pidió que nos viéramos en persona…
Habíamos acordado mantener la relación en el plano digital, ser solo amigos y no ponernos cara, pero ninguno de los dos pudo resistirse.
Cuando lo vi en el aeropuerto me sentí atraída por él al instante, pero no tardé en darme cuenta de que jamás íbamos a poder llegar a nada.
El hombre con el que había estado hablando durante los últimos meses era la última persona que esperaba.
La última persona con la que debía fantasear.
Era el mejor amigo de mi padre.
Querida Hayley:
Asumo que todavía estás de resaca, así que seré breve.
Anoche te metiste bajo mis sábanas (sin mi permiso), y casi hicimos el amor. Salí de la cama tan pronto como me di cuenta de que eras tú y te llevé a casa.
Eso fue lo que pasó.
Punto.
Final.
En caso de que lo hayas olvidado, eres la hermana pequeña de mi mejor amigo. Nunca seremos nada más (no podemos ser nada más), así que preferiría que trabajásemos en lo de ser "solo amigos" de nuevo. No obstante, no soy de los que dejan preguntas sin responder —ni siquiera las que se hacen durante una borrachera—, por lo que, para dar por zanjada nuestra inapropiada conversación de forma adecuada, te contestaré:
1) Sí, me gustó el roce de tus labios contra los míos cuando te pusiste encima de mí.
2) Sí, por supuesto que prefiero el sexo rudo, pero estoy bastante seguro de que no fui rudo contigo.
3) No, no tenía ni idea de que todavía eras virgen…
Este mensaje nunca ha existido.
Corey.
Solo amigos.
Solo somos amigos.
No, en serio. Arizona es solo es mi mejor amiga…
Arizona Turner y Carter James son amigos inseparables desde los nueve años. Se lo han contado siempre todo el uno al otro y se han apoyado en todas sus "primeras veces". Y, por supuesto, han sido mutuo paño de lágrimas cuando las relaciones que han mantenido con otras personas han fracasado…
Pero a lo largo de los años, a pesar de todo lo que han pensado los demás sobre ellos y su amistad, jamás han traspasado la línea.
Nunca se les ha ocurrido.
Nunca han querido...
Hasta que una noche todo cambió.
Así que quizá ahora…
Solo amigos.
Solo somos amigos.
O eso seguiré diciendo hasta que averigüe si Carter sigue siendo "solo" mi mejor amigo.
«Por favor, deje su mensaje después de la señal…».
Tatiana, son ya las cuatro de la madrugada y no puedo dormir porque estoy borracho y en vela, pensando en ti…
En que casi fui tuyo, y tú casi fuiste mía.
Mi vida es un desastre, y toda mi carrera como luchador en la MMA pende de un hilo. Soy muy consciente de que tengo que cambiar muchas cosas.
Necesito que me devuelvas el favor que me prometiste, ese que aún tenemos pendiente desde hace años.
Necesito que finjas ser mi prometida durante noventa días.
Solo noventa días.
No tenemos por qué hablar a escondidas ni tampoco ser amigos de nuevo. Ni siquiera tenemos que besarnos, aunque te aseguro que ningún otro hombre te habrá besado mejor que yo…
Te prometo que no nos tocaremos, a pesar de que la última vez que nos vimos parecía que era eso precisamente lo que deseabas (no intentes negarlo).
En resumidas cuentas: quiero cobrarme ese antiguo favor que juraste que me deberías «siempre».
No te estoy pidiendo demasiado. Solo necesito que finjas por mí que es real…
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