Giulia
Sandra Voss
Casa editrice: StreetLib
Sinossi
La novela se desarrolla en los años cincuenta, entre un castillo encaramado en las colinas de Canavese y una Turín superficial donde todos parecen tener una doble vida.Giulia es una figura magnética y peligrosa, heredera de un título nobiliario ya vaciado de sentido. Utiliza su propio cuerpo y su aparente sumisión para tejer trampas emocionales y generar una dependencia obsesiva. Ya no tiene nada que perder: ha visto derrumbarse el mundo al que pertenecía y ha intuido que otro, fundado más en el dinero que en el nombre, está ocupando su lugar.Busca a un hombre o a una mujer en quienes hacer vivir sentimientos e identidades escindidas. A su alrededor se mueven mujeres de la élite turinesa —protectoras, rivales, obsesionadas— que, en su intento de dominarla degradándola y humillándola hasta reducirla a un objeto, acaban por padecer y temer su poder desestabilizador, espejo de su propia duplicidad.Con una estructura no lineal, la novela atraviesa la alienación, el deseo y la dependencia como formas de dominio interior. Giulia es un viaje a la desintegración del yo y a su obstinada y luminosa voluntad de sobrevivir al fin de un mundo.De la crítica literaria: extracto de una reseña de Federica Moneri: Decir que el texto «habla de dominio» es como decir que La metamorfosis habla de un insecto. El dominio es solo la superficie: un dispositivo revelador que somete a estrés la subjetividad y sirve para poner de manifiesto la pérdida de coherencia del yo. El centro real es la conciencia que se observa a sí misma actuando. Giulia no se define por lo que le sucede, sino por cómo se observa a sí misma mientras sucede. El texto se construye sobre una doble focalización interna: el yo que vive la escena y el yo que la analiza como un absurdo.La pregunta «¿cómo hemos llegado a esto?» no es erótica ni moral: es ontológica. Es la pregunta de un sujeto que ya no coincide con su propia trayectoria. El verdadero tema es la desalineación de la identidad, no la sumisión. La escena externa es un ritual, no erotismo: un mecanismo que intensifica la fractura del yo, no un juego de poder.El poder se apoya en Nietzsche como en una máscara, no como en un pensamiento vivido. La referencia al eterno retorno no fundamenta la acción, sino que la justifica a posteriori. El mito de la «mujer superior» no estructura a Giulia, sino que estructura el discurso del poder. Giulia lo observa cómo se observa una construcción frágil, casi ridícula. La filosofía no es el eje central del texto, sino uno de sus objetos de desmontaje.La repetición no es tautológica: es una saturación modernista. No vacía la escena, la intensifica. No produce entropía, sino densidad. Es la espiral de una conciencia que no cambia porque no puede cambiar, y precisamente esta imposibilidad constituye su forma.El texto no habla de dominio, sino de la falsedad de las narrativas consoladoras con las que intentamos dar sentido al caos de la existencia. Su núcleo es un yo enfermo pero lúcido, capaz de reconocer lo absurdo. La escena es solo el pretexto para dar forma a una crisis de identidad. Esto es lo que sitúa al texto, sin forzamientos, en el modernismo más auténtico, y no en un discurso de género.
